No basta con limpiar costas y mares

No basta con limpiar costas y mares

Hoy en día es muy común que residentes y turistas se encuentren con playas llenas de basuras.

Los desechos continentales son un indicador del valor que el hombre da a la naturaleza presente en las cuencas de ríos que desembocan en el mar, o de las playas.

Es común que residentes y turistas se encuentren con playas llenas de basuras. Se trata de desechos continentales y marinos o ‘debris’, como técnicamente se conocen estos residuos.

Ellos constituyen un indicador del valor que el hombre da a la naturaleza presente en las cuencas de ríos que desembocan en el mar, o de las playas mismas donde se desarrollan actividades de pesca, deportes o turismo.

Dada la problemática ambiental que esto trae, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa en inglés) creó el Marine Debris Program, que para este año reportó recolecciones de hasta 1.600 toneladas métricas en diferentes regiones costeras e insulares de EE. UU. y capacitaciones a 1.800 profesores y 18.300 estudiantes de primaria y secundaria en el manejo de estos desechos y la conservación de ecosistemas, además de atender con metodologías estándar el debris traído por los huracanes Harvey, Irma y María.

En Colombia es evidente la alta cantidad de desechos que traen los ríos Magdalena, Atrato o Sinú, además de los que se arrojan al mar. Un estudio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano caracterizó la basura en una playa del Caribe durante una temporada alta y demostró que plásticos, icopor, madera, vidrio y colillas de cigarrillo son los desechos más comunes, lo cual es proyectable a otras playas con vocación de recreación en el país.

Pero, más allá del acto irrespetuoso de arrojar desechos a las entrañas de nuestros ecosistemas naturales, preocupa el hecho de que el enfoque con el que se aborda este problema no sea el adecuado.

Las campañas de limpieza submarina y de playas, en las que voluntarios de la industria turística, recreativa y la academia participan cada vez que se anticipa una temporada alta para embellecerlas, no son pertinentes, más aún cuando en algunos casos la actividad se convierte en un evento social más que en uno dirigido a promover la conservación y la concientización ecológica.

Sería necesario que estas actividades se acompañaran de un programa serio de educación ambiental que lleve a que cada vez sean menos necesarias estas campañas o que los volúmenes de desechos por recoger sean bajos. Hoy ocurre lo contrario, pues se considera un triunfo recoger cantidades cada vez más altas de basuras. Ojalá no se repita la historia en la temporada de fin de año que se avecina.

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